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elhijodelgeneral
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No me voy a prestar a tus juegos. Aunque sí voy a incluir el mensaje qué publiqué hace varios días.

Buscando ayuda. Mi Reino por una respuesta concreta.

Hola, buenas noches. Mi nombre es Cristian del Valle, y aunque en otro momento no haría esto, mi situación me obliga a tomarla cómo mi último recurso. Soy originario de Monterrey, Nuevo León, y tengo 21 años de edad. He acudido a psicólogos y psiquiatras aquí en el país y fuera de él buscando aclarar mis pensamientos y poder encontrar la paz qué tanto necesito para mí. Mi problema, es amoroso. He aquí lo qué ofrezco a quién logre darme una respuesta qué tranquilice mi alma y me muestre qué camino seguir para encontrarle solución a este problema: $10,000.00 dólares, en efectivo, transferidos a la cuenta bancaria ó destinatario qué así se haga acreedor, de forma inmediata, sí su trabajo y sabias palabras logran lo qué tantos doctores no han hecho. Paso a comentar mi situación:

Hace exactamente dos años, durante las vacaciones de Semana Santa, mis padres y yo pasamos una feliz semana fuera del país. A nuestro regreso, decidí quedarme con ellos una semana más, para estar junto a ellos, ya qué por los negocios de mis padres y mis estudios son contados los días en los qué los veo en persona. Un jueves, acudí a una de las fábricas de mi padre, y cómo le hago desde niño, recorrí las instalaciones. Y justo cuándo charlaba con una de las empleadas a las qué más aprecio le tengo, conocí a un chico, recientemente contratado en la planta. A simple vista no me llamó la atención, mas fué ese día, al dirigirme la palabra para pedirme le ayudara a levantar algunas cajas (cosa por demás osada ya qué ninguno de los empleados de mi padre se había atrevido a pedirme algo así antes) qué nos hicimos amigos. Salimos juntos en repetidas ocasiones, al cine, al antro, pasábamos muchas horas juntos, platicando. Y me enamoré de él. Su total desconocimiento de mi estilo de vida, al cuál yo estoy tan acostumbrado, su inocente forma de ser y si ingenuidad para con muchas cosas qué para mí eran cotidianas, me hizo adorarlo al cabo de un mes. Realmente me enamoré de él, perdídamente. En un principio todo en nuestra relación era perfecto.

Y aunque mis amigos y amigas quedasen estupefactos al conocerlo (nunca imaginaron qué yo fuese capaz de enamorarme de alguien de una clase social totalmente ajena a la nuestra) no me importó en lo más mínimo, porque yo en verdad era feliz a su lado. Nunca le faltó nada. Diariamente le transfería a una cuenta bancaria personal qué le había abierto de $400.00 a $700.00 dólares, vestía sólo Calvin Klein y Alexander Mcqueen, ya qué me encantaba cómo lucía con prendas así. Le compré su propio auto, un Nissan Sentra, y así las cosas, pasó un año. Entonces, de un día para otro, las cosas cambiaron. Una tarde, estando yo en la universidad, recibí una llamada a mi celular. Una amiga mía me hablaba para decirme qué mi pareja acababa de salir de un hotel con una chica. No lo creí en ese momento, mas tanto insistió ella en qué fuese a comprobarlo (ya qué ella lo estaba siguiendo desde qué lo vío salir) qué así lo hice. Cuándo llegué, el entraba a un restaurante al cuál él y yo acostumbrabamos ir juntos. Está demás decir qué no pude contenerme, sólo lo miré, me dí la media vuelta y conduje sin ir a ningún lado durante una hora. Sobra decir que esa noche lloré cómo nunca en mi vida he llorado.

Me alejé de él, salí del país y me fuí a Europa por 6 meses, pero todo fué en vano, porque no logré olvidarlo, siempre lo tuve presente en mi pensamiento, y muchas veces estuve a punto de llamarle y pedirle verlo, mas tampoco podía, porque en verdad me lastimó cómo nunca nadie lo había hecho. Mis padres se enteraron de mi situación, y amorosamente me llevaron con varios de los más renombrados psicólogos de todo México y E.U., pero no fué útil. Desde entonces he estado buscando la forma de regresar a su lado, pero así mismo tampoco deseo hacerlo, aunque él me ha pedido perdón en muchas ocasiones y por múltiples formas, pero yo ya no quiero sufrir cómo lo hago cada vez qué lo veo y recuerdo lo qué me hizo, mas tampoco quiero perderlo.

Una amiga me comentó qué algún conocedor ó conocedora de las Artes Ocultas podría ayudarme con mi problema, y lo he estado pensando desde entonces. Y me he decidido a hacerlo. Lo único qué deseo es qué alguien me ayude a encontrar la manera de aliviar el dolor qué aún me causa pensar en él, y regresar a su lado sin recordar todo el sufrimiento qué he pasado desde entonces. Yo en verdad lo amo, tanto cómo no tienen idea, y estoy dispuesto a recompensar inmensamente a quién así logre hacerlo. Soy hijo único y mis padres son dos de los empresarios más ricos de todo el norte de México, mas por seguridad no puedo comentar más. Reitero mi oferta de $10,000.00 dólares a quién así pueda ayudarme. Aparte de ello, a quién logre aliviar mi pena, personalmente le otorgaré, aparte del dinero, un departamento dónde así lo quiera su corazón ó un auto, del precio y marca que así desee, lo único qué pido a cambio es qué tenga el conocimiento y poder para ayudarme en esto. De antemano ya agradecido, Cristian del Valle.

Mi email:elhijodelgeneral@hotmail.com


A mí tú no me haces menos con tus ardidos comentarios y patadas de ahogado, no hayas ni dónde meter la cabeza cuándo uno te expone cómo lo qué eres tú y ese tal Sila, ladrones y mentirosos, pero no te preocupes, no seré sólo yo quién te recuerde qué tu profesor de quinta nos prometieron resultados qué nunca cumplieron. Estuve leyendo comentarios por aquí de otros usuarios qué también te tienen quejas con respecto a los "trabajos" qué dices ese Sila tiene pendiente. Yo no busco desprestigiar a nadie, cuándo no se lo merece. Pero cuándo no resultan ser más qué estafadores sin sentido moral, merecen ser crucificados en público por ello. Y no te preocupes, con calma y sin sobresaltarme, lo haré aquí. No tienes ni los recursos, ni los medios, para detenerme. Te expondré, te lo prometo. Hasta pronto.
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Hace exactamente dos años, durante las vacaciones de Semana Santa, mis padres y yo pasamos una feliz semana fuera del país. A nuestro regreso, decidí quedarme con ellos una semana más, para estar junto a ellos, ya qué por los negocios de mis padres y mis estudios son contados los días en los qué los veo en persona. Un jueves, acudí a una de las fábricas de mi padre, y cómo le hago desde niño, recorrí las instalaciones. Y justo cuándo charlaba con una de las empleadas a las qué más aprecio le tengo, conocí a un chico, recientemente contratado en la planta. A simple vista no me llamó la atención, mas fué ese día, al dirigirme la palabra para pedirme le ayudara a levantar algunas cajas (cosa por demás osada ya qué ninguno de los empleados de mi padre se había atrevido a pedirme algo así antes) qué nos hicimos amigos. Salimos juntos en repetidas ocasiones, al cine, al antro, pasábamos muchas horas juntos, platicando. Y me enamoré de él. Su total desconocimiento de mi estilo de vida, al cuál yo estoy tan acostumbrado, su inocente forma de ser y si ingenuidad para con muchas cosas qué para mí eran cotidianas, me hizo adorarlo al cabo de un mes. Realmente me enamoré de él, perdídamente. En un principio todo en nuestra relación era perfecto.

Y aunque mis amigos y amigas quedasen estupefactos al conocerlo (nunca imaginaron qué yo fuese capaz de enamorarme de alguien de una clase social totalmente ajena a la nuestra) no me importó en lo más mínimo, porque yo en verdad era feliz a su lado. Nunca le faltó nada. Diariamente le transfería a una cuenta bancaria personal qué le había abierto de $400.00 a $700.00 dólares, vestía sólo Calvin Klein y Alexander Mcqueen, ya qué me encantaba cómo lucía con prendas así. Le compré su propio auto, un Nissan Sentra, y así las cosas, pasó un año. Entonces, de un día para otro, las cosas cambiaron. Una tarde, estando yo en la universidad, recibí una llamada a mi celular. Una amiga mía me hablaba para decirme qué mi pareja acababa de salir de un hotel con una chica. No lo creí en ese momento, mas tanto insistió ella en qué fuese a comprobarlo (ya qué ella lo estaba siguiendo desde qué lo vío salir) qué así lo hice. Cuándo llegué, el entraba a un restaurante al cuál él y yo acostumbrabamos ir juntos. Está demás decir qué no pude contenerme, sólo lo miré, me dí la media vuelta y conduje sin ir a ningún lado durante una hora. Sobra decir que esa noche lloré cómo nunca en mi vida he llorado.

Me alejé de él, salí del país y me fuí a Europa por 6 meses, pero todo fué en vano, porque no logré olvidarlo, siempre lo tuve presente en mi pensamiento, y muchas veces estuve a punto de llamarle y pedirle verlo, mas tampoco podía, porque en verdad me lastimó cómo nunca nadie lo había hecho. Mis padres se enteraron de mi situación, y amorosamente me llevaron con varios de los más renombrados psicólogos de todo México y E.U., pero no fué útil. Desde entonces he estado buscando la forma de regresar a su lado, pero así mismo tampoco deseo hacerlo, aunque él me ha pedido perdón en muchas ocasiones y por múltiples formas, pero yo ya no quiero sufrir cómo lo hago cada vez qué lo veo y recuerdo lo qué me hizo, mas tampoco quiero perderlo.

Una amiga me comentó qué algún conocedor ó conocedora de las Artes Ocultas podría ayudarme con mi problema, y lo he estado pensando desde entonces. Y me he decidido a hacerlo. Lo único qué deseo es qué alguien me ayude a encontrar la manera de aliviar el dolor qué aún me causa pensar en él, y regresar a su lado sin recordar todo el sufrimiento qué he pasado desde entonces. Yo en verdad lo amo, tanto cómo no tienen idea, y estoy dispuesto a recompensar inmensamente a quién así logre hacerlo. Soy hijo único y mis padres son dos de los empresarios más ricos de todo el norte de México, mas por seguridad no puedo comentar más. Reitero mi oferta de $10,000.00 dólares a quién así pueda ayudarme. Aparte de ello, a quién logre aliviar mi pena, personalmente le otorgaré, aparte del dinero, un departamento dónde así lo quiera su corazón ó un auto, del precio y marca que así desee, lo único qué pido a cambio es qué tenga el conocimiento y poder para ayudarme en esto. De antemano ya agradecido, Cristian del Valle.

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Hace exactamente dos años, durante las vacaciones de Semana Santa, mis padres y yo pasamos una feliz semana fuera del país. A nuestro regreso, decidí quedarme con ellos una semana más, para estar junto a ellos, ya qué por los negocios de mis padres y mis estudios son contados los días en los qué los veo en persona. Un jueves, acudí a una de las fábricas de mi padre, y cómo le hago desde niño, recorrí las instalaciones. Y justo cuándo charlaba con una de las empleadas a las qué más aprecio le tengo, conocí a un chico, recientemente contratado en la planta. A simple vista no me llamó la atención, mas fué ese día, al dirigirme la palabra para pedirme le ayudara a levantar algunas cajas (cosa por demás osada ya qué ninguno de los empleados de mi padre se había atrevido a pedirme algo así antes) qué nos hicimos amigos. Salimos juntos en repetidas ocasiones, al cine, al antro, pasábamos muchas horas juntos, platicando. Y me enamoré de él. Su total desconocimiento de mi estilo de vida, al cuál yo estoy tan acostumbrado, su inocente forma de ser y si ingenuidad para con muchas cosas qué para mí eran cotidianas, me hizo adorarlo al cabo de un mes. Realmente me enamoré de él, perdídamente. En un principio todo en nuestra relación era perfecto.

Y aunque mis amigos y amigas quedasen estupefactos al conocerlo (nunca imaginaron qué yo fuese capaz de enamorarme de alguien de una clase social totalmente ajena a la nuestra) no me importó en lo más mínimo, porque yo en verdad era feliz a su lado. Nunca le faltó nada. Diariamente le transfería a una cuenta bancaria personal qué le había abierto de $400.00 a $700.00 dólares, vestía sólo Calvin Klein y Alexander Mcqueen, ya qué me encantaba cómo lucía con prendas así. Le compré su propio auto, un Nissan Sentra, y así las cosas, pasó un año. Entonces, de un día para otro, las cosas cambiaron. Una tarde, estando yo en la universidad, recibí una llamada a mi celular. Una amiga mía me hablaba para decirme qué mi pareja acababa de salir de un hotel con una chica. No lo creí en ese momento, mas tanto insistió ella en qué fuese a comprobarlo (ya qué ella lo estaba siguiendo desde qué lo vío salir) qué así lo hice. Cuándo llegué, el entraba a un restaurante al cuál él y yo acostumbrabamos ir juntos. Está demás decir qué no pude contenerme, sólo lo miré, me dí la media vuelta y conduje sin ir a ningún lado durante una hora. Sobra decir que esa noche lloré cómo nunca en mi vida he llorado.

Me alejé de él, salí del país y me fuí a Europa por 6 meses, pero todo fué en vano, porque no logré olvidarlo, siempre lo tuve presente en mi pensamiento, y muchas veces estuve a punto de llamarle y pedirle verlo, mas tampoco podía, porque en verdad me lastimó cómo nunca nadie lo había hecho. Mis padres se enteraron de mi situación, y amorosamente me llevaron con varios de los más renombrados psicólogos de todo México y E.U., pero no fué útil. Desde entonces he estado buscando la forma de regresar a su lado, pero así mismo tampoco deseo hacerlo, aunque él me ha pedido perdón en muchas ocasiones y por múltiples formas, pero yo ya no quiero sufrir cómo lo hago cada vez qué lo veo y recuerdo lo qué me hizo, mas tampoco quiero perderlo.

Una amiga me comentó qué algún conocedor ó conocedora de las Artes Ocultas podría ayudarme con mi problema, y lo he estado pensando desde entonces. Y me he decidido a hacerlo. Lo único qué deseo es qué alguien me ayude a encontrar la manera de aliviar el dolor qué aún me causa pensar en él, y regresar a su lado sin recordar todo el sufrimiento qué he pasado desde entonces. Yo en verdad lo amo, tanto cómo no tienen idea, y estoy dispuesto a recompensar inmensamente a quién así logre hacerlo. Soy hijo único y mis padres son dos de los empresarios más ricos de todo el norte de México, mas por seguridad no puedo comentar más. Reitero mi oferta de $10,000.00 dólares a quién así pueda ayudarme. Aparte de ello, a quién logre aliviar mi pena, personalmente le otorgaré, aparte del dinero, un departamento dónde así lo quiera su corazón ó un auto, del precio y marca que así desee, lo único qué pido a cambio es qué tenga el conocimiento y poder para ayudarme en esto. De antemano ya agradecido, Cristian del Valle.

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Hace exactamente dos años, durante las vacaciones de Semana Santa, mis padres y yo pasamos una feliz semana fuera del país. A nuestro regreso, decidí quedarme con ellos una semana más, para estar junto a ellos, ya qué por los negocios de mis padres y mis estudios son contados los días en los qué los veo en persona. Un jueves, acudí a una de las fábricas de mi padre, y cómo le hago desde niño, recorrí las instalaciones. Y justo cuándo charlaba con una de las empleadas a las qué más aprecio le tengo, conocí a un chico, recientemente contratado en la planta. A simple vista no me llamó la atención, mas fué ese día, al dirigirme la palabra para pedirme le ayudara a levantar algunas cajas (cosa por demás osada ya qué ninguno de los empleados de mi padre se había atrevido a pedirme algo así antes) qué nos hicimos amigos. Salimos juntos en repetidas ocasiones, al cine, al antro, pasábamos muchas horas juntos, platicando. Y me enamoré de él. Su total desconocimiento de mi estilo de vida, al cuál yo estoy tan acostumbrado, su inocente forma de ser y si ingenuidad para con muchas cosas qué para mí eran cotidianas, me hizo adorarlo al cabo de un mes. Realmente me enamoré de él, perdídamente. En un principio todo en nuestra relación era perfecto.

Y aunque mis amigos y amigas quedasen estupefactos al conocerlo (nunca imaginaron qué yo fuese capaz de enamorarme de alguien de una clase social totalmente ajena a la nuestra) no me importó en lo más mínimo, porque yo en verdad era feliz a su lado. Nunca le faltó nada. Diariamente le transfería a una cuenta bancaria personal qué le había abierto de $400.00 a $700.00 dólares, vestía sólo Calvin Klein y Alexander Mcqueen, ya qué me encantaba cómo lucía con prendas así. Le compré su propio auto, un Nissan Sentra, y así las cosas, pasó un año. Entonces, de un día para otro, las cosas cambiaron. Una tarde, estando yo en la universidad, recibí una llamada a mi celular. Una amiga mía me hablaba para decirme qué mi pareja acababa de salir de un hotel con una chica. No lo creí en ese momento, mas tanto insistió ella en qué fuese a comprobarlo (ya qué ella lo estaba siguiendo desde qué lo vío salir) qué así lo hice. Cuándo llegué, el entraba a un restaurante al cuál él y yo acostumbrabamos ir juntos. Está demás decir qué no pude contenerme, sólo lo miré, me dí la media vuelta y conduje sin ir a ningún lado durante una hora. Sobra decir que esa noche lloré cómo nunca en mi vida he llorado.

Me alejé de él, salí del país y me fuí a Europa por 6 meses, pero todo fué en vano, porque no logré olvidarlo, siempre lo tuve presente en mi pensamiento, y muchas veces estuve a punto de llamarle y pedirle verlo, mas tampoco podía, porque en verdad me lastimó cómo nunca nadie lo había hecho. Mis padres se enteraron de mi situación, y amorosamente me llevaron con varios de los más renombrados psicólogos de todo México y E.U., pero no fué útil. Desde entonces he estado buscando la forma de regresar a su lado, pero así mismo tampoco deseo hacerlo, aunque él me ha pedido perdón en muchas ocasiones y por múltiples formas, pero yo ya no quiero sufrir cómo lo hago cada vez qué lo veo y recuerdo lo qué me hizo, mas tampoco quiero perderlo.

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Hola, buenas noches. Mi nombre es Cristian del Valle, y aunque en otro momento no haría esto, mi situación me obliga a tomarla cómo mi último recurso. Soy originario de Monterrey, Nuevo León, y tengo 21 años de edad. He acudido a psicólogos y psiquiatras aquí en el país y fuera de él buscando aclarar mis pensamientos y poder encontrar la paz qué tanto necesito para mí. Mi problema, es amoroso. He aquí lo qué ofrezco a quién logre darme una respuesta qué tranquilice mi alma y me muestre qué camino seguir para encontrarle solución a este problema: $10,000.00 dólares, en efectivo, transferidos a la cuenta bancaria ó destinatario qué así se haga acreedor, de forma inmediata, sí su trabajo y sabias palabras logran lo qué tantos doctores no han hecho. Paso a comentar mi situación:

Hace exactamente dos años, durante las vacaciones de Semana Santa, mis padres y yo pasamos una feliz semana fuera del país. A nuestro regreso, decidí quedarme con ellos una semana más, para estar junto a ellos, ya qué por los negocios de mis padres y mis estudios son contados los días en los qué los veo en persona. Un jueves, acudí a una de las fábricas de mi padre, y cómo le hago desde niño, recorrí las instalaciones. Y justo cuándo charlaba con una de las empleadas a las qué más aprecio le tengo, conocí a un chico, recientemente contratado en la planta. A simple vista no me llamó la atención, mas fué ese día, al dirigirme la palabra para pedirme le ayudara a levantar algunas cajas (cosa por demás osada ya qué ninguno de los empleados de mi padre se había atrevido a pedirme algo así antes) qué nos hicimos amigos. Salimos juntos en repetidas ocasiones, al cine, al antro, pasábamos muchas horas juntos, platicando. Y me enamoré de él. Su total desconocimiento de mi estilo de vida, al cuál yo estoy tan acostumbrado, su inocente forma de ser y si ingenuidad para con muchas cosas qué para mí eran cotidianas, me hizo adorarlo al cabo de un mes. Realmente me enamoré de él, perdídamente. En un principio todo en nuestra relación era perfecto.

Y aunque mis amigos y amigas quedasen estupefactos al conocerlo (nunca imaginaron qué yo fuese capaz de enamorarme de alguien de una clase social totalmente ajena a la nuestra) no me importó en lo más mínimo, porque yo en verdad era feliz a su lado. Nunca le faltó nada. Diariamente le transfería a una cuenta bancaria personal qué le había abierto de $400.00 a $700.00 dólares, vestía sólo Calvin Klein y Alexander Mcqueen, ya qué me encantaba cómo lucía con prendas así. Le compré su propio auto, un Nissan Sentra, y así las cosas, pasó un año. Entonces, de un día para otro, las cosas cambiaron. Una tarde, estando yo en la universidad, recibí una llamada a mi celular. Una amiga mía me hablaba para decirme qué mi pareja acababa de salir de un hotel con una chica. No lo creí en ese momento, mas tanto insistió ella en qué fuese a comprobarlo (ya qué ella lo estaba siguiendo desde qué lo vío salir) qué así lo hice. Cuándo llegué, el entraba a un restaurante al cuál él y yo acostumbrabamos ir juntos. Está demás decir qué no pude contenerme, sólo lo miré, me dí la media vuelta y conduje sin ir a ningún lado durante una hora. Sobra decir que esa noche lloré cómo nunca en mi vida he llorado.

Me alejé de él, salí del país y me fuí a Europa por 6 meses, pero todo fué en vano, porque no logré olvidarlo, siempre lo tuve presente en mi pensamiento, y muchas veces estuve a punto de llamarle y pedirle verlo, mas tampoco podía, porque en verdad me lastimó cómo nunca nadie lo había hecho. Mis padres se enteraron de mi situación, y amorosamente me llevaron con varios de los más renombrados psicólogos de todo México y E.U., pero no fué útil. Desde entonces he estado buscando la forma de regresar a su lado, pero así mismo tampoco deseo hacerlo, aunque él me ha pedido perdón en muchas ocasiones y por múltiples formas, pero yo ya no quiero sufrir cómo lo hago cada vez qué lo veo y recuerdo lo qué me hizo, mas tampoco quiero perderlo.

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Buscando ayuda. Mi Reino por una respuesta concreta.

Hola, buenas noches. Mi nombre es Cristian del Valle, y aunque en otro momento no haría esto, mi situación me obliga a tomarla cómo mi último recurso. Soy originario de Monterrey, Nuevo León, y tengo 21 años de edad. He acudido a psicólogos y psiquiatras aquí en el país y fuera de él buscando aclarar mis pensamientos y poder encontrar la paz qué tanto necesito para mí. Mi problema, es amoroso. He aquí lo qué ofrezco a quién logre darme una respuesta qué tranquilice mi alma y me muestre qué camino seguir para encontrarle solución a este problema: $10,000.00 dólares, en efectivo, transferidos a la cuenta bancaria ó destinatario qué así se haga acreedor, de forma inmediata, sí su trabajo y sabias palabras logran lo qué tantos doctores no han hecho. Paso a comentar mi situación:

Hace exactamente dos años, durante las vacaciones de Semana Santa, mis padres y yo pasamos una feliz semana fuera del país. A nuestro regreso, decidí quedarme con ellos una semana más, para estar junto a ellos, ya qué por los negocios de mis padres y mis estudios son contados los días en los qué los veo en persona. Un jueves, acudí a una de las fábricas de mi padre, y cómo le hago desde niño, recorrí las instalaciones. Y justo cuándo charlaba con una de las empleadas a las qué más aprecio le tengo, conocí a un chico, recientemente contratado en la planta. A simple vista no me llamó la atención, mas fué ese día, al dirigirme la palabra para pedirme le ayudara a levantar algunas cajas (cosa por demás osada ya qué ninguno de los empleados de mi padre se había atrevido a pedirme algo así antes) qué nos hicimos amigos. Salimos juntos en repetidas ocasiones, al cine, al antro, pasábamos muchas horas juntos, platicando. Y me enamoré de él. Su total desconocimiento de mi estilo de vida, al cuál yo estoy tan acostumbrado, su inocente forma de ser y si ingenuidad para con muchas cosas qué para mí eran cotidianas, me hizo adorarlo al cabo de un mes. Realmente me enamoré de él, perdídamente. En un principio todo en nuestra relación era perfecto.

Y aunque mis amigos y amigas quedasen estupefactos al conocerlo (nunca imaginaron qué yo fuese capaz de enamorarme de alguien de una clase social totalmente ajena a la nuestra) no me importó en lo más mínimo, porque yo en verdad era feliz a su lado. Nunca le faltó nada. Diariamente le transfería a una cuenta bancaria personal qué le había abierto de $400.00 a $700.00 dólares, vestía sólo Calvin Klein y Alexander Mcqueen, ya qué me encantaba cómo lucía con prendas así. Le compré su propio auto, un Nissan Sentra, y así las cosas, pasó un año. Entonces, de un día para otro, las cosas cambiaron. Una tarde, estando yo en la universidad, recibí una llamada a mi celular. Una amiga mía me hablaba para decirme qué mi pareja acababa de salir de un hotel con una chica. No lo creí en ese momento, mas tanto insistió ella en qué fuese a comprobarlo (ya qué ella lo estaba siguiendo desde qué lo vío salir) qué así lo hice. Cuándo llegué, el entraba a un restaurante al cuál él y yo acostumbrabamos ir juntos. Está demás decir qué no pude contenerme, sólo lo miré, me dí la media vuelta y conduje sin ir a ningún lado durante una hora. Sobra decir que esa noche lloré cómo nunca en mi vida he llorado.

Me alejé de él, salí del país y me fuí a Europa por 6 meses, pero todo fué en vano, porque no logré olvidarlo, siempre lo tuve presente en mi pensamiento, y muchas veces estuve a punto de llamarle y pedirle verlo, mas tampoco podía, porque en verdad me lastimó cómo nunca nadie lo había hecho. Mis padres se enteraron de mi situación, y amorosamente me llevaron con varios de los más renombrados psicólogos de todo México y E.U., pero no fué útil. Desde entonces he estado buscando la forma de regresar a su lado, pero así mismo tampoco deseo hacerlo, aunque él me ha pedido perdón en muchas ocasiones y por múltiples formas, pero yo ya no quiero sufrir cómo lo hago cada vez qué lo veo y recuerdo lo qué me hizo, mas tampoco quiero perderlo.

Una amiga me comentó qué algún conocedor ó conocedora de las Artes Ocultas podría ayudarme con mi problema, y lo he estado pensando desde entonces. Y me he decidido a hacerlo. Lo único qué deseo es qué alguien me ayude a encontrar la manera de aliviar el dolor qué aún me causa pensar en él, y regresar a su lado sin recordar todo el sufrimiento qué he pasado desde entonces. Yo en verdad lo amo, tanto cómo no tienen idea, y estoy dispuesto a recompensar inmensamente a quién así logre hacerlo. Soy hijo único y mis padres son dos de los empresarios más ricos de todo el norte de México, mas por seguridad no puedo comentar más. Reitero mi oferta de $10,000.00 dólares a quién así pueda ayudarme. Aparte de ello, a quién logre aliviar mi pena, personalmente le otorgaré, aparte del dinero, un departamento dónde así lo quiera su corazón ó un auto, del precio y marca que así desee, lo único qué pido a cambio es qué tenga el conocimiento y poder para ayudarme en esto. De antemano ya agradecido, Cristian del Valle.

Mi email:elhijodelgeneral@hotmail.com


A mí tú no me haces menos con tus ardidos comentarios y patadas de ahogado, no hayas ni dónde meter la cabeza cuándo uno te expone cómo lo qué eres tú y ese tal Sila, ladrones y mentirosos, pero no te preocupes, no seré sólo yo quién te recuerde qué tu profesor de quinta nos prometieron resultados qué nunca cumplieron. Estuve leyendo comentarios por aquí de otros usuarios qué también te tienen quejas con respecto a los "trabajos" qué dices ese Sila tiene pendiente. Yo no busco desprestigiar a nadie, cuándo no se lo merece. Pero cuándo no resultan ser más qué estafadores sin sentido moral, merecen ser crucificados en público por ello. Y no te preocupes, con calma y sin sobresaltarme, lo haré aquí. No tienes ni los recursos, ni los medios, para detenerme. Te expondré, te lo prometo. Hasta pronto.
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Hace exactamente dos años, durante las vacaciones de Semana Santa, mis padres y yo pasamos una feliz semana fuera del país. A nuestro regreso, decidí quedarme con ellos una semana más, para estar junto a ellos, ya qué por los negocios de mis padres y mis estudios son contados los días en los qué los veo en persona. Un jueves, acudí a una de las fábricas de mi padre, y cómo le hago desde niño, recorrí las instalaciones. Y justo cuándo charlaba con una de las empleadas a las qué más aprecio le tengo, conocí a un chico, recientemente contratado en la planta. A simple vista no me llamó la atención, mas fué ese día, al dirigirme la palabra para pedirme le ayudara a levantar algunas cajas (cosa por demás osada ya qué ninguno de los empleados de mi padre se había atrevido a pedirme algo así antes) qué nos hicimos amigos. Salimos juntos en repetidas ocasiones, al cine, al antro, pasábamos muchas horas juntos, platicando. Y me enamoré de él. Su total desconocimiento de mi estilo de vida, al cuál yo estoy tan acostumbrado, su inocente forma de ser y si ingenuidad para con muchas cosas qué para mí eran cotidianas, me hizo adorarlo al cabo de un mes. Realmente me enamoré de él, perdídamente. En un principio todo en nuestra relación era perfecto.

Y aunque mis amigos y amigas quedasen estupefactos al conocerlo (nunca imaginaron qué yo fuese capaz de enamorarme de alguien de una clase social totalmente ajena a la nuestra) no me importó en lo más mínimo, porque yo en verdad era feliz a su lado. Nunca le faltó nada. Diariamente le transfería a una cuenta bancaria personal qué le había abierto de $400.00 a $700.00 dólares, vestía sólo Calvin Klein y Alexander Mcqueen, ya qué me encantaba cómo lucía con prendas así. Le compré su propio auto, un Nissan Sentra, y así las cosas, pasó un año. Entonces, de un día para otro, las cosas cambiaron. Una tarde, estando yo en la universidad, recibí una llamada a mi celular. Una amiga mía me hablaba para decirme qué mi pareja acababa de salir de un hotel con una chica. No lo creí en ese momento, mas tanto insistió ella en qué fuese a comprobarlo (ya qué ella lo estaba siguiendo desde qué lo vío salir) qué así lo hice. Cuándo llegué, el entraba a un restaurante al cuál él y yo acostumbrabamos ir juntos. Está demás decir qué no pude contenerme, sólo lo miré, me dí la media vuelta y conduje sin ir a ningún lado durante una hora. Sobra decir que esa noche lloré cómo nunca en mi vida he llorado.

Me alejé de él, salí del país y me fuí a Europa por 6 meses, pero todo fué en vano, porque no logré olvidarlo, siempre lo tuve presente en mi pensamiento, y muchas veces estuve a punto de llamarle y pedirle verlo, mas tampoco podía, porque en verdad me lastimó cómo nunca nadie lo había hecho. Mis padres se enteraron de mi situación, y amorosamente me llevaron con varios de los más renombrados psicólogos de todo México y E.U., pero no fué útil. Desde entonces he estado buscando la forma de regresar a su lado, pero así mismo tampoco deseo hacerlo, aunque él me ha pedido perdón en muchas ocasiones y por múltiples formas, pero yo ya no quiero sufrir cómo lo hago cada vez qué lo veo y recuerdo lo qué me hizo, mas tampoco quiero perderlo.

Una amiga me comentó qué algún conocedor ó conocedora de las Artes Ocultas podría ayudarme con mi problema, y lo he estado pensando desde entonces. Y me he decidido a hacerlo. Lo único qué deseo es qué alguien me ayude a encontrar la manera de aliviar el dolor qué aún me causa pensar en él, y regresar a su lado sin recordar todo el sufrimiento qué he pasado desde entonces. Yo en verdad lo amo, tanto cómo no tienen idea, y estoy dispuesto a recompensar inmensamente a quién así logre hacerlo. Soy hijo único y mis padres son dos de los empresarios más ricos de todo el norte de México, mas por seguridad no puedo comentar más. Reitero mi oferta de $10,000.00 dólares a quién así pueda ayudarme. Aparte de ello, a quién logre aliviar mi pena, personalmente le otorgaré, aparte del dinero, un departamento dónde así lo quiera su corazón ó un auto, del precio y marca que así desee, lo único qué pido a cambio es qué tenga el conocimiento y poder para ayudarme en esto. De antemano ya agradecido, Cristian del Valle.

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Hace exactamente dos años, durante las vacaciones de Semana Santa, mis padres y yo pasamos una feliz semana fuera del país. A nuestro regreso, decidí quedarme con ellos una semana más, para estar junto a ellos, ya qué por los negocios de mis padres y mis estudios son contados los días en los qué los veo en persona. Un jueves, acudí a una de las fábricas de mi padre, y cómo le hago desde niño, recorrí las instalaciones. Y justo cuándo charlaba con una de las empleadas a las qué más aprecio le tengo, conocí a un chico, recientemente contratado en la planta. A simple vista no me llamó la atención, mas fué ese día, al dirigirme la palabra para pedirme le ayudara a levantar algunas cajas (cosa por demás osada ya qué ninguno de los empleados de mi padre se había atrevido a pedirme algo así antes) qué nos hicimos amigos. Salimos juntos en repetidas ocasiones, al cine, al antro, pasábamos muchas horas juntos, platicando. Y me enamoré de él. Su total desconocimiento de mi estilo de vida, al cuál yo estoy tan acostumbrado, su inocente forma de ser y si ingenuidad para con muchas cosas qué para mí eran cotidianas, me hizo adorarlo al cabo de un mes. Realmente me enamoré de él, perdídamente. En un principio todo en nuestra relación era perfecto.

Y aunque mis amigos y amigas quedasen estupefactos al conocerlo (nunca imaginaron qué yo fuese capaz de enamorarme de alguien de una clase social totalmente ajena a la nuestra) no me importó en lo más mínimo, porque yo en verdad era feliz a su lado. Nunca le faltó nada. Diariamente le transfería a una cuenta bancaria personal qué le había abierto de $400.00 a $700.00 dólares, vestía sólo Calvin Klein y Alexander Mcqueen, ya qué me encantaba cómo lucía con prendas así. Le compré su propio auto, un Nissan Sentra, y así las cosas, pasó un año. Entonces, de un día para otro, las cosas cambiaron. Una tarde, estando yo en la universidad, recibí una llamada a mi celular. Una amiga mía me hablaba para decirme qué mi pareja acababa de salir de un hotel con una chica. No lo creí en ese momento, mas tanto insistió ella en qué fuese a comprobarlo (ya qué ella lo estaba siguiendo desde qué lo vío salir) qué así lo hice. Cuándo llegué, el entraba a un restaurante al cuál él y yo acostumbrabamos ir juntos. Está demás decir qué no pude contenerme, sólo lo miré, me dí la media vuelta y conduje sin ir a ningún lado durante una hora. Sobra decir que esa noche lloré cómo nunca en mi vida he llorado.

Me alejé de él, salí del país y me fuí a Europa por 6 meses, pero todo fué en vano, porque no logré olvidarlo, siempre lo tuve presente en mi pensamiento, y muchas veces estuve a punto de llamarle y pedirle verlo, mas tampoco podía, porque en verdad me lastimó cómo nunca nadie lo había hecho. Mis padres se enteraron de mi situación, y amorosamente me llevaron con varios de los más renombrados psicólogos de todo México y E.U., pero no fué útil. Desde entonces he estado buscando la forma de regresar a su lado, pero así mismo tampoco deseo hacerlo, aunque él me ha pedido perdón en muchas ocasiones y por múltiples formas, pero yo ya no quiero sufrir cómo lo hago cada vez qué lo veo y recuerdo lo qué me hizo, mas tampoco quiero perderlo.

Una amiga me comentó qué algún conocedor ó conocedora de las Artes Ocultas podría ayudarme con mi problema, y lo he estado pensando desde entonces. Y me he decidido a hacerlo. Lo único qué deseo es qué alguien me ayude a encontrar la manera de aliviar el dolor qué aún me causa pensar en él, y regresar a su lado sin recordar todo el sufrimiento qué he pasado desde entonces. Yo en verdad lo amo, tanto cómo no tienen idea, y estoy dispuesto a recompensar inmensamente a quién así logre hacerlo. Soy hijo único y mis padres son dos de los empresarios más ricos de todo el norte de México, mas por seguridad no puedo comentar más. Reitero mi oferta de $10,000.00 dólares a quién así pueda ayudarme. Aparte de ello, a quién logre aliviar mi pena, personalmente le otorgaré, aparte del dinero, un departamento dónde así lo quiera su corazón ó un auto, del precio y marca que así desee, lo único qué pido a cambio es qué tenga el conocimiento y poder para ayudarme en esto. De antemano ya agradecido, Cristian del Valle.

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A mí tú no me haces menos con tus ardidos comentarios y patadas de ahogado, no hayas ni dónde meter la cabeza cuándo uno te expone cómo lo qué eres tú y ese tal Sila, ladrones y mentirosos, pero no te preocupes, no seré sólo yo quién te recuerde qué tu profesor de quinta nos prometieron resultados qué nunca cumplieron. Estuve leyendo comentarios por aquí de otros usuarios qué también te tienen quejas con respecto a los "trabajos" qué dices ese Sila tiene pendiente. Yo no busco desprestigiar a nadie, cuándo no se lo merece. Pero cuándo no resultan ser más qué estafadores sin sentido moral, merecen ser crucificados en público por ello. Y no te preocupes, con calma y sin sobresaltarme, lo haré aquí. No tienes ni los recursos, ni los medios, para detenerme. Te expondré, te lo prometo. Hasta pronto.
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Hola, buenas noches. Mi nombre es Cristian del Valle, y aunque en otro momento no haría esto, mi situación me obliga a tomarla cómo mi último recurso. Soy originario de Monterrey, Nuevo León, y tengo 21 años de edad. He acudido a psicólogos y psiquiatras aquí en el país y fuera de él buscando aclarar mis pensamientos y poder encontrar la paz qué tanto necesito para mí. Mi problema, es amoroso. He aquí lo qué ofrezco a quién logre darme una respuesta qué tranquilice mi alma y me muestre qué camino seguir para encontrarle solución a este problema: $10,000.00 dólares, en efectivo, transferidos a la cuenta bancaria ó destinatario qué así se haga acreedor, de forma inmediata, sí su trabajo y sabias palabras logran lo qué tantos doctores no han hecho. Paso a comentar mi situación:

Hace exactamente dos años, durante las vacaciones de Semana Santa, mis padres y yo pasamos una feliz semana fuera del país. A nuestro regreso, decidí quedarme con ellos una semana más, para estar junto a ellos, ya qué por los negocios de mis padres y mis estudios son contados los días en los qué los veo en persona. Un jueves, acudí a una de las fábricas de mi padre, y cómo le hago desde niño, recorrí las instalaciones. Y justo cuándo charlaba con una de las empleadas a las qué más aprecio le tengo, conocí a un chico, recientemente contratado en la planta. A simple vista no me llamó la atención, mas fué ese día, al dirigirme la palabra para pedirme le ayudara a levantar algunas cajas (cosa por demás osada ya qué ninguno de los empleados de mi padre se había atrevido a pedirme algo así antes) qué nos hicimos amigos. Salimos juntos en repetidas ocasiones, al cine, al antro, pasábamos muchas horas juntos, platicando. Y me enamoré de él. Su total desconocimiento de mi estilo de vida, al cuál yo estoy tan acostumbrado, su inocente forma de ser y si ingenuidad para con muchas cosas qué para mí eran cotidianas, me hizo adorarlo al cabo de un mes. Realmente me enamoré de él, perdídamente. En un principio todo en nuestra relación era perfecto.

Y aunque mis amigos y amigas quedasen estupefactos al conocerlo (nunca imaginaron qué yo fuese capaz de enamorarme de alguien de una clase social totalmente ajena a la nuestra) no me importó en lo más mínimo, porque yo en verdad era feliz a su lado. Nunca le faltó nada. Diariamente le transfería a una cuenta bancaria personal qué le había abierto de $400.00 a $700.00 dólares, vestía sólo Calvin Klein y Alexander Mcqueen, ya qué me encantaba cómo lucía con prendas así. Le compré su propio auto, un Nissan Sentra, y así las cosas, pasó un año. Entonces, de un día para otro, las cosas cambiaron. Una tarde, estando yo en la universidad, recibí una llamada a mi celular. Una amiga mía me hablaba para decirme qué mi pareja acababa de salir de un hotel con una chica. No lo creí en ese momento, mas tanto insistió ella en qué fuese a comprobarlo (ya qué ella lo estaba siguiendo desde qué lo vío salir) qué así lo hice. Cuándo llegué, el entraba a un restaurante al cuál él y yo acostumbrabamos ir juntos. Está demás decir qué no pude contenerme, sólo lo miré, me dí la media vuelta y conduje sin ir a ningún lado durante una hora. Sobra decir que esa noche lloré cómo nunca en mi vida he llorado.

Me alejé de él, salí del país y me fuí a Europa por 6 meses, pero todo fué en vano, porque no logré olvidarlo, siempre lo tuve presente en mi pensamiento, y muchas veces estuve a punto de llamarle y pedirle verlo, mas tampoco podía, porque en verdad me lastimó cómo nunca nadie lo había hecho. Mis padres se enteraron de mi situación, y amorosamente me llevaron con varios de los más renombrados psicólogos de todo México y E.U., pero no fué útil. Desde entonces he estado buscando la forma de regresar a su lado, pero así mismo tampoco deseo hacerlo, aunque él me ha pedido perdón en muchas ocasiones y por múltiples formas, pero yo ya no quiero sufrir cómo lo hago cada vez qué lo veo y recuerdo lo qué me hizo, mas tampoco quiero perderlo.

Una amiga me comentó qué algún conocedor ó conocedora de las Artes Ocultas podría ayudarme con mi problema, y lo he estado pensando desde entonces. Y me he decidido a hacerlo. Lo único qué deseo es qué alguien me ayude a encontrar la manera de aliviar el dolor qué aún me causa pensar en él, y regresar a su lado sin recordar todo el sufrimiento qué he pasado desde entonces. Yo en verdad lo amo, tanto cómo no tienen idea, y estoy dispuesto a recompensar inmensamente a quién así logre hacerlo. Soy hijo único y mis padres son dos de los empresarios más ricos de todo el norte de México, mas por seguridad no puedo comentar más. Reitero mi oferta de $10,000.00 dólares a quién así pueda ayudarme. Aparte de ello, a quién logre aliviar mi pena, personalmente le otorgaré, aparte del dinero, un departamento dónde así lo quiera su corazón ó un auto, del precio y marca que así desee, lo único qué pido a cambio es qué tenga el conocimiento y poder para ayudarme en esto. De antemano ya agradecido, Cristian del Valle.

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A mí tú no me haces menos con tus ardidos comentarios y patadas de ahogado, no hayas ni dónde meter la cabeza cuándo uno te expone cómo lo qué eres tú y ese tal Sila, ladrones y mentirosos, pero no te preocupes, no seré sólo yo quién te recuerde qué tu profesor de quinta nos prometieron resultados qué nunca cumplieron. Estuve leyendo comentarios por aquí de otros usuarios qué también te tienen quejas con respecto a los "trabajos" qué dices ese Sila tiene pendiente. Yo no busco desprestigiar a nadie, cuándo no se lo merece. Pero cuándo no resultan ser más qué estafadores sin sentido moral, merecen ser crucificados en público por ello. Y no te preocupes, con calma y sin sobresaltarme, lo haré aquí. No tienes ni los recursos, ni los medios, para detenerme. Te expondré, te lo prometo. Hasta pronto.
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Hace exactamente dos años, durante las vacaciones de Semana Santa, mis padres y yo pasamos una feliz semana fuera del país. A nuestro regreso, decidí quedarme con ellos una semana más, para estar junto a ellos, ya qué por los negocios de mis padres y mis estudios son contados los días en los qué los veo en persona. Un jueves, acudí a una de las fábricas de mi padre, y cómo le hago desde niño, recorrí las instalaciones. Y justo cuándo charlaba con una de las empleadas a las qué más aprecio le tengo, conocí a un chico, recientemente contratado en la planta. A simple vista no me llamó la atención, mas fué ese día, al dirigirme la palabra para pedirme le ayudara a levantar algunas cajas (cosa por demás osada ya qué ninguno de los empleados de mi padre se había atrevido a pedirme algo así antes) qué nos hicimos amigos. Salimos juntos en repetidas ocasiones, al cine, al antro, pasábamos muchas horas juntos, platicando. Y me enamoré de él. Su total desconocimiento de mi estilo de vida, al cuál yo estoy tan acostumbrado, su inocente forma de ser y si ingenuidad para con muchas cosas qué para mí eran cotidianas, me hizo adorarlo al cabo de un mes. Realmente me enamoré de él, perdídamente. En un principio todo en nuestra relación era perfecto.

Y aunque mis amigos y amigas quedasen estupefactos al conocerlo (nunca imaginaron qué yo fuese capaz de enamorarme de alguien de una clase social totalmente ajena a la nuestra) no me importó en lo más mínimo, porque yo en verdad era feliz a su lado. Nunca le faltó nada. Diariamente le transfería a una cuenta bancaria personal qué le había abierto de $400.00 a $700.00 dólares, vestía sólo Calvin Klein y Alexander Mcqueen, ya qué me encantaba cómo lucía con prendas así. Le compré su propio auto, un Nissan Sentra, y así las cosas, pasó un año. Entonces, de un día para otro, las cosas cambiaron. Una tarde, estando yo en la universidad, recibí una llamada a mi celular. Una amiga mía me hablaba para decirme qué mi pareja acababa de salir de un hotel con una chica. No lo creí en ese momento, mas tanto insistió ella en qué fuese a comprobarlo (ya qué ella lo estaba siguiendo desde qué lo vío salir) qué así lo hice. Cuándo llegué, el entraba a un restaurante al cuál él y yo acostumbrabamos ir juntos. Está demás decir qué no pude contenerme, sólo lo miré, me dí la media vuelta y conduje sin ir a ningún lado durante una hora. Sobra decir que esa noche lloré cómo nunca en mi vida he llorado.

Me alejé de él, salí del país y me fuí a Europa por 6 meses, pero todo fué en vano, porque no logré olvidarlo, siempre lo tuve presente en mi pensamiento, y muchas veces estuve a punto de llamarle y pedirle verlo, mas tampoco podía, porque en verdad me lastimó cómo nunca nadie lo había hecho. Mis padres se enteraron de mi situación, y amorosamente me llevaron con varios de los más renombrados psicólogos de todo México y E.U., pero no fué útil. Desde entonces he estado buscando la forma de regresar a su lado, pero así mismo tampoco deseo hacerlo, aunque él me ha pedido perdón en muchas ocasiones y por múltiples formas, pero yo ya no quiero sufrir cómo lo hago cada vez qué lo veo y recuerdo lo qué me hizo, mas tampoco quiero perderlo.

Una amiga me comentó qué algún conocedor ó conocedora de las Artes Ocultas podría ayudarme con mi problema, y lo he estado pensando desde entonces. Y me he decidido a hacerlo. Lo único qué deseo es qué alguien me ayude a encontrar la manera de aliviar el dolor qué aún me causa pensar en él, y regresar a su lado sin recordar todo el sufrimiento qué he pasado desde entonces. Yo en verdad lo amo, tanto cómo no tienen idea, y estoy dispuesto a recompensar inmensamente a quién así logre hacerlo. Soy hijo único y mis padres son dos de los empresarios más ricos de todo el norte de México, mas por seguridad no puedo comentar más. Reitero mi oferta de $10,000.00 dólares a quién así pueda ayudarme. Aparte de ello, a quién logre aliviar mi pena, personalmente le otorgaré, aparte del dinero, un departamento dónde así lo quiera su corazón ó un auto, del precio y marca que así desee, lo único qué pido a cambio es qué tenga el conocimiento y poder para ayudarme en esto. De antemano ya agradecido, Cristian del Valle.

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A mí tú no me haces menos con tus ardidos comentarios y patadas de ahogado, no hayas ni dónde meter la cabeza cuándo uno te expone cómo lo qué eres tú y ese tal Sila, ladrones y mentirosos, pero no te preocupes, no seré sólo yo quién te recuerde qué tu profesor de quinta nos prometieron resultados qué nunca cumplieron. Estuve leyendo comentarios por aquí de otros usuarios qué también te tienen quejas con respecto a los "trabajos" qué dices ese Sila tiene pendiente. Yo no busco desprestigiar a nadie, cuándo no se lo merece. Pero cuándo no resultan ser más qué estafadores sin sentido moral, merecen ser crucificados en público por ello. Y no te preocupes, con calma y sin sobresaltarme, lo haré aquí. No tienes ni los recursos, ni los medios, para detenerme. Te expondré, te lo prometo. Hasta pronto.
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Hola, buenas noches. Mi nombre es Cristian del Valle, y aunque en otro momento no haría esto, mi situación me obliga a tomarla cómo mi último recurso. Soy originario de Monterrey, Nuevo León, y tengo 21 años de edad. He acudido a psicólogos y psiquiatras aquí en el país y fuera de él buscando aclarar mis pensamientos y poder encontrar la paz qué tanto necesito para mí. Mi problema, es amoroso. He aquí lo qué ofrezco a quién logre darme una respuesta qué tranquilice mi alma y me muestre qué camino seguir para encontrarle solución a este problema: $10,000.00 dólares, en efectivo, transferidos a la cuenta bancaria ó destinatario qué así se haga acreedor, de forma inmediata, sí su trabajo y sabias palabras logran lo qué tantos doctores no han hecho. Paso a comentar mi situación:

Hace exactamente dos años, durante las vacaciones de Semana Santa, mis padres y yo pasamos una feliz semana fuera del país. A nuestro regreso, decidí quedarme con ellos una semana más, para estar junto a ellos, ya qué por los negocios de mis padres y mis estudios son contados los días en los qué los veo en persona. Un jueves, acudí a una de las fábricas de mi padre, y cómo le hago desde niño, recorrí las instalaciones. Y justo cuándo charlaba con una de las empleadas a las qué más aprecio le tengo, conocí a un chico, recientemente contratado en la planta. A simple vista no me llamó la atención, mas fué ese día, al dirigirme la palabra para pedirme le ayudara a levantar algunas cajas (cosa por demás osada ya qué ninguno de los empleados de mi padre se había atrevido a pedirme algo así antes) qué nos hicimos amigos. Salimos juntos en repetidas ocasiones, al cine, al antro, pasábamos muchas horas juntos, platicando. Y me enamoré de él. Su total desconocimiento de mi estilo de vida, al cuál yo estoy tan acostumbrado, su inocente forma de ser y si ingenuidad para con muchas cosas qué para mí eran cotidianas, me hizo adorarlo al cabo de un mes. Realmente me enamoré de él, perdídamente. En un principio todo en nuestra relación era perfecto.

Y aunque mis amigos y amigas quedasen estupefactos al conocerlo (nunca imaginaron qué yo fuese capaz de enamorarme de alguien de una clase social totalmente ajena a la nuestra) no me importó e